Bar Ricardo, entre lo popular y lo cotidiano manteniendo un estilo propio

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La plantilla de Bar Ricardo.

La plantilla de Bar Ricardo.

Cuando un establecimiento ha superado el medio siglo largo de existencia es por algo. Y, si además de alcanzar tan significativa cifra, mantiene fielmente el estilo con que fue creado, nos encontramos con un establecimiento perspicaz que ha sabido entender los gustos de sus clientes y satisfacerlos. Parece fácil, pero no lo es, y no son muchos los que saben desarrollar y satisfacer semejantes sensaciones.

Ricardo Mirasol abrió el Bar Ricardo en 1947 y a lo largo de su trayectoria ha sabido mantener ese cuño de calidad y personalidad. Su hijo Ricardo le continuó y en estos momentos es su nieto Ricardo quien mantiene vivo ese espíritu inicial. Y lo sigue manteniendo con la sencillez de un primoroso y exquisito producto, que se ofrece a diario. Una cuestión que, aunque pueda parecer baladí, no lo es. En el sacrificio y el compromiso radica buena parte del éxito que este establecimiento cosecha.

Una vez el producto o el género llega a las cocinas de Ricardo, la elaboración que se le aporta es natural, buscando que la calidad se mantenga y se reafirme. Sentado en la barra, asentado en el comedor o relajado en la terraza, disfrutar en el Bar Ricardo es lo cotidiano, lo diario y, por supuesto, lo habitual.

Las mejores bravas de la ciudad.

Las mejores bravas de la ciudad.

No nos cansamos de probar y pedir sus bravas (las mejores de la ciudad). Están bien fritas (nunca confitadas ni cocidas) y el all i oli, acompañado de un buen pimentón picante, es remate final y perfecto. Para acompañar, qué mejor que una buena copa de Tío Pepe, un vino de Jerez, refrescante, que escolta con acierto y que también nos sirve para acompañar la ensaladilla rusa. Esta ensaladilla es otro plato a reivindicar: equilibrada, bien aderezada, con una mayonesa que le aporta una delicada jugosidad que nos hace disfrutar. La ensaladilla de marisco y la ranchera son otras opciones.

La oferta de vinos es muy consecuente. Es variada y a un precio muy comedido. No es muy común encontrar tamaños Mágnum en los establecimientos valencianos, pero en Ricardo sí que se pueden encontrar. Así que un Mágnum de Beronia Crianza 2009 es ideal para compartir. Un vino que proviene de la D. O. La Rioja y que destaca por su docilidad. Buena fruta y leves aromas a vainilla. Un acabado muy equilibrado entre la fruta y la madera. Si lo desean blanco, también tienen en Mágnum Mar de Frades, un vino de Rías Baíxas que destaca por su rico aroma cítrico y su carácter refrescante.

Alcachofas a la plancha.

Alcachofas a la plancha.

Calamar a la plancha, aderezado con aceite de calidad.

Calamar a la plancha, aderezado con aceite de calidad.

Otro de los puntales del Bar Ricardo es la plancha. Siempre he dicho que los planchistas tienen que ser minuciosos en su labor. La línea entre la perfección y la irregularidad cuando trabajas en un plancha es muy delgada, casi inapreciable. Pero, cuando el producto está reluciente y suculento, es que lo has bordado; como aquí. Las verduras, alcachofas, espárragos o champiñones, son lo más demandado. A recomendar, el calamar a la plancha que, después de un minucioso paso por la plancha, se adereza con puntualidad con un aceite de calidad. Un producto complejo (pero que a mí me encanta) y que genera muchas controversias entre los comensales son las huevas de sepia. Aquí las ofrecen a la plancha y las aderezan con un punto final de salsa Mery (perejil, ajo, aceite y limón).

El punto de cocción que se le atribuye al pulpo a la gallega es sedoso. Se deshace en la boca, pero guarda un cierta consistencia que es imprescindible y que denota lo certera de la cocción. El buen pimentón (en este caso dulce y algo ahumado) es el otro ingrediente que autentifica el apelativo regional.

Las posibilidades que nos ofrecen en cocina son muy variadas y no nos falta una precisa fritura. Pescadito, puntillas y sepionet son las especialidades. Buen aceite, temperatura correcta y cambio de aceite con mucha asiduidad (no fríen más de dos veces con el mismo) son las claves de la correcta fritura que nos ofrecen. Buen surtido de revueltos: morcilla con piñones, espárragos y jamón ibérico de Lazo, boletus y foie, y, si lo prefiere, lo puede usted pedir a su gusto.

El Bar Ricardo abre a primera hora de la mañana, así que se puede ir a almorzar. Para ello, entre sus propuestas podemos encontrar este rincón de bocatas y montaditos: Almussafes, Chivito, Brascada, Súper o Tremendo es la oferta de bocadillos. Mientras que los montaditos son más previsibles: longaniza, morcilla, salmón, mojama, atún, ternera, chistorra o foie a la plancha.

Los postres y los dulces son lo único que no se elabora en el Bar Ricardo. Pero la oferta es rica y surtida. Muy buena la tarta de Santiago y excelente la Capuchina (desde que desgraciadamente, cerró Villanueva, la mejor que he probado en Valencia).

El café es bueno, pero yo les recomiendo el cremaet o carajillo quemado. Es una especialidad y muy típico en la huerta valenciana. Se puede elaborar con ron, brandy o whisky. Consiste en quemar el alcohol, uniéndolo al café y aderezándolo con una corteza de limón y unos granos de café tostados.

Otro de los puntales que nos ofrece el Bar Ricardo es el servicio. Un servicio presto y de los mejores que puedes encontrar en la ciudad.

En el Bar Ricardo, se deleitaran en la barra, disfrutaran en el comedor y se relajaran en la terraza. La trayectoria tan consistente, que se ha ganado día tras día, es su mejor aval. Les aseguro que no les va a defraudar.

Bar Ricardo. Calle Doctor Zamenhof, 16. Telf. 963823789. Valencia

Pedro G. Mocholí

1 Comentario para “Bar Ricardo, entre lo popular y lo cotidiano manteniendo un estilo propio”

  1. Sigfrido Sanjuan Valero dice:

    Lo mejor de lo mejor. Buenos profesionales y buenos amigos. Siempre se está a gusto en el Bar Ricardo.

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