Bodegas Gramona, las largas crianzas como meta

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Linda Morales, responsable de comunicación de la bodega.

Linda Morales, responsable de comunicación de la bodega.

En muchos aspectos, el mundo del cava sigue siendo un gran desconocido. Y ese desconocimiento, va mucho más haya de que delimita la propia D. O. Cava. Su consejo delimita a nueve meses el tiempo que una botella tiene que estar en rima (el tiempo en el vino realiza la segunda fermentación para conseguir las preciadas burbujas) para que se pueda considerar cava. Ese tiempo es el que delimita, pero cada bodega puede tener sus botellas el tiempo que considere oportuno, hasta conseguir el punto óptimo del vino.

Bodegas Gramona es una de las más prestigiosas que conocemos; valoramos sus vinos y los apreciamos, y los tenemos presentes en muchas de nuestras actividades. La historia de la familia Gramona se remonta 150 años atrás, encontrando en estos momentos la quinta generación, encabeza por Jaume y Xavier. Generación tras generación han ido aunado experiencia y conocimiento, y gracias a ambas se han posicionado entre los mejores elaboradores de cava. Siempre han valorado mucho sus tierras y los viñedos, los cuales los encontramos en las confluencias de los ríos Anoia y Bitlles, en el término de Sant Sadurní. El amor, y el cuidado a sus tierras es fundamental en la familia Gramona, conscientes de la tierra y el cuidado de sus vides, la base de sus cavas. Por ello, desde el primer momento encontraron en la variedad Xarel·lo la “piedra filosofal” para conseguir esas largas crianzas que imprimen un carácter y una personalidad a sus cavas, que los hace únicos.

Hace unos días me reuní en Valencia con Linda Morales, responsable de comunicación de la bodega, y con Pablo Bacete, gerente de Le Blosen (responsables de la distribución de sus vinos en la provincia de Valencia), en el restaurante Tavella. El motivo no era otro que probar sus cuatro cavas más representativos: Brut Imperial Gran Reserva 2011, III Lustros Gran Reserva 2009, Gramona Celler Batllé Gran Reserva 2004 y Enoteca Gramona Brut Nature Gran reserva 2001. Llama la atención que todos sus cavas llevan añada y fecha de degüelle, algo fundamental para conocer su trazabilidad y entender toda frescura y estructura que encontramos en sus cavas y en sus burbujas, las cuales se moldean en el paladar con si fuera un traje de Valentino. Y esas grandes y largas crianzas se consiguen gracias a la personalidad que le transfiere la Xarel·lo. Una uva que la familia Gramona ha cuidado y ha mimado, consciente que después de estas largas crianzas, los vinos mantienen un frescor y viveza en boca inolvidable.

El que más conocía era su Brut Imperial Gran Reserva 2011, ideal en el quehacer gastronómico diario. Me sorprendió el III Lustros Gran Reserva 2009, por esa persistencia en boca de sus burbujas, y la armonía de matices que encontramos, tanto en nariz como en boca.

Las prolongadas crianzas, confieren al Gramona Celler Batllé (120 meses) y al Enoteca Gramona (168 meses), unas personalidades muy interesantes. Mientras en el Celler Batllé destaco una delicada mineralidad que lo hace ideal para acompañar a una cocina eclética o contemporánea. En el Enoteca Gramona encuentro una delicada elegancia gracias a la riqueza de especies que encuentras. Ideal, no solo para una comida, prolongando la sobremesa hasta que los comensales deseen.

Pedro G. Mocholí

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