El Pincelín, cruce de destinos

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Doña Josefa, con sus hijos Pedro y Diego, y su nieto Diego.

Doña Josefa, con sus hijos Pedro y Diego, y su nieto Diego.

Fachada de El Pincelín.

Fachada de El Pincelín.

Las carreteras españoles han sido la base de una importante oferta gastronómica. Muchos eran los viajantes o viajeros que, cuando iniciaban un viaje, ya tenían previsto el itinerario a realizar y las paradas propias para comer, descansar o echar gasolina. Eran hábitos casi traspasados de padres a hijos y que en muchos casos se siguen manteniendo a pesar de la aparición de las autovías, que han facilitado el desplazamiento algo más rápido.

Me hizo mucha ilusión que en El Vasco (Honrubia, Cuenca) se acordaran de mi padre, que comenzó a parar allí a principio de los 70 cuando iniciaba su trabajo de viajante. Él mantenía unos hábitos en lo referente al viaje y estos eran detenerse en sitios o establecimientos muy concretos dónde ya le conocían. Por ejemplo, cuando iba a Zaragoza su parada era a la salida de Teruel en el Alfonso XII, que luego se convertiría en el afamado Milagro. De camino a Barcelona (antes de la aparición de la autopista) solía parar en Benicarló y, más tarde, en la localidad tarraconense de Cambrils, dónde encontrábamos Ca Gatell. En sus cocinas, Joan Gatell ofrecía unos maravillosos pescados, acompañándolos de la novedosa salsa romescu. Luego, cuando subía al norte (Galicia, Asturias o País Vasco), las opciones variaban pero siempre era cuidadas y meditadas.

La aparición de la autovías ha facilitado el desplazamiento y por desgracia muchos de ellos han ido desapareciendo, sobre todo porque las segundas y terceras generaciones no han querido seguir con el negocio. Por ello, aquellos que han seguido las dinámicas que un día marcaron sus padres tienen para mí un doble valor, pues han seguido manteniendo ese estigma con ilusión. La misma que un día animaron a sus padres a abrir el establecimiento. Y si hay uno que se puede sentir orgulloso de semejante situación, ese es sin duda El Pincelín de Almansa (Albacete).

Pascual Blanco y Josefa, su esposa, fueron los que lo abrieron allá por 1952, cuando Almansa era un cruce de destinos. Allí confluían las carreteras de Alicante y Murcia rumbo a Madrid y la mismísima Carretera Real de Madrid que salía desde Valencia y llegaba a la capital. Por lo tanto, a diario, Almansa era cruzada por un gran número de coches, los cuales debían de parar a descansar, a repostar y a tareas propias del viaje. Pascual y Josefa lo abrieron sin pretensiones pero la excelente mano cocinera de ella hizo que la popularidad del establecimiento subiera como la espuma, convirtiéndose en lugar de referencia en dichas carreteras. El nombre podríamos decir que era anecdotario, pues era el mote cariñoso cómo se le conocía a Pascual. Él siempre salía de casa muy arreglado y la gente de Almansa siempre le decía aquello de “vas hecho un pincel”. Y de esa frase surgió El Pincelín.

Langostinos del mar Menor.

Langostinos del mar Menor.

Boletus a la plancha con huevo de corral.

Boletus a la plancha con huevo de corral.

Por esa misma carretera subían a diario muchos camiones cargados con pescados y mariscos del Mediterráneo y del mar Menor, los cuales solían hacer una parada en la localidad. Tiempo que Pascual aprovechaba para comprar esas primeras cajas de producto y comenzar a crear el mito de la barra de El Pincelín, punto de encuentro no solo de los viajeros sino de los propios almanseños. Poco a poco, la fama fue incrementándose y pocos era los que en sus viajes, si pasaban cerca, no se detenían y disfrutaban de los platos de cuchara de doña Josefa. Al tiempo se incorporaron sus hijos: Pedro en sala y Diego en cocina, siguiendo el aprendizaje de sus padres.

Hoy, a punto de cumplir los 70 años de historia, El Pincelín sigue aglutinando toda la merecida fama que ha ido consiguiendo a lo largo de su trayectoria. La semana pasada los visité (este año les he hecho dos visitas) y cuál fue mi alegría que coincidí en que doña Josefa cumplía 92 años y como uno más de la familia soplé la velas con ellos.

La bienvenida viene de la mano de las cortecitas de cerdo acompañas de la cerveza fría que saben a gloria. Sentados en la mesa recibimos con alegría los santo y seña de la casa, que no son sino las quisquillas de Santa Pola y los langostinos del mar Menor. Puntos de cocción exquisitos y concisos, los cuales trasmiten ese impecable toque de la jugosidad marina. No podemos perdonar el lomo de orza que, como siempre, es superior. La calidad del aceite que utilizan en su elaboración le trasmite una sensación de limpieza y sabor natural que resulta delicioso. Lo acompañan con ‘all i oli’ y un pisto manchego.

Lomo de orza

Lomo de orza

Su celebérrimo gazpacho manchego.

Su celebérrimo gazpacho manchego.

Estamos en tiempo de setas y este año la recolección está siendo muy productiva. Pedro nos recomienda unos ‘boletus edulis’ a la plancha que resultan una delicatesen. Para rematarlos, los acompaña con una yema de huevo campero que nos llena de sabor el paladar. Como siempre, y más en este tiempo, no podemos perdonar el gazpacho manchego, afamado de manera merecida. Es Encarna, la mujer de Pedro, quien lo deposita sobre la torta de pan ácimo que ellos mismos preparan a fuego de horno de leña. Sobre la torta encontramos conejo, pichón, pollo de corral, níscalos y caracoles. Dando jugosidad a todo ello, el guiso meditado y reposado que nos recuerda que nos encontramos ante uno de los mejores gazpachos de la historia.

Los primeros aperitivos los iniciamos con el cava Gramona Brut Imperial y bajo las recomendaciones de José, su sumiller, fuimos tomando vinos manchegos realmente increíbles: Laya 2017, Dehesa de Luna Orígenes 2015 y Rupestre de de Alpera, un vino elaborado con garnacha tintorera y cuyas vides tienen una antigüedad que supera los 35 años. Con el surtido de quesos manchegos, qué mejor que un Palo Cortado jerezano.

Cómo siempre, es un placer visitar esta casa que sigue guardando ese estilo y personalidad que supieron darle en su momento Pascual y Josefa y que hoy sus hijos Diego y Pedro saben cómo seguir con ese cuidado estilo y personalidad. Y ya se asoma su nieto Diego, formado en grandes restaurantes españoles y al que con el tiempo veremos al frente de las cocinas. ¡Felicidades!

El Pincelín. Calle de las Norias, 10. Almansa (Albacete). Tel.: 967340007.

Pedro G. Mocholí

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